DIA DE PLAYA EN LA BALLOTA

 



No hay día que no me venga mi hermana contando algo de su matrimonio. Hemos querido llamarlo matrimoniadas porque a veces es para echarse a llorar aunque nosotras optamos por reírnos.

Aún recuerdo ese día que íbamos a pasar la mañana a la playa de la Ballota. Sino habéis ido ir porque es preciosa. Se aparca arriba en la montaña, las vistas son preciosas. Como tenía que dar la vuelta al coche, optamos por bajarnos mis sobrinos, mi hermana y yo y que él diera la vuelta al coche, si alguien tenía que caer barranco abajo que fuera solo uno y que mejor que él.

El caso que después de coger todas las bolsas, cargadas de toallas, chanclas, cremas, pelotas, móviles, 10 botellas de agua (algunas congeladas que les gusta el agua fresquita), algo de comida, nos pusimos rumbo a la playa bajando esa preciosa montaña, los cinco como una gran familia, apoyándonos y ayudándonos en todo.

Una vez que llegamos abajo a la playa, después de ir bajando escaleras, saltando rocas, agarrándonos para no caernos porque nos resbalábamos, llegamos a la maravillosa y fina arena.

El cuñado echó una ojeada al horizonte, observó a ambos lados de la playa y decidió que nos pondríamos casi al final de la playa. Afortunadamente, ya no había piedras que esquivar y el riesgo de resbalones había quedado atrás.

A todo esto observa como su familia le seguía y ¡anda coño1 que acababa de darse cuenta que las que venían cargadas con todo eramos mi hermana y yo, así que se le ocurrió decir:

-Chicos, ¡ jodeeeeer!. Ayudad a vuestra madre y a vuestra tía.

Y pensé: ¡ A que jodio a estirar las toallas.!!!


Raquel 💛